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rotura del cruzado

Rotura del cruzado: la pesadilla del futbolista


La rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla es una de las más temidas por los deportistas. Afecta sobre todo a quienes practican fútbol, baloncesto, tenis, voleibol o atletismo, deportes en los que se arranca, se frena y se pivota, sometiendo a estrés a los ligamentos de la rodilla. Es una lesión más frecuente en mujeres porque sus rodillas tienen más laxitud. Si además se rompen también el ligamento lateral interno y el menisco interno, el resultado es que sufriremos la tristemente famosa tríada.

La rodilla tiene cuatro ligamentos que la dotan de estabilidad, firmeza y movilidad y movilidad: cruzado anterior, cruzado posterior, colateral medial y colateral externo. Sergio Tejero, traumatólogo de Clínicas Beiman, explica que son imprescindibles para mantener la firmeza cuando arrancamos, paramos o giramos.

La rotura de cualquiera de estos cuatro ligamentos tiene distintas consecuencias:

  • La rotura de ligamento colateral medial (o interno) cicatriza bien sin necesidad de intervención quirúrgica, en un plazo de unas seis semanas, a partir del cual se puede trabajar en la recuperación para la práctica del deporte. Si simultáneamente se rompen otros ligamentos o el menisco, el problema deberá resolverse con una operación.
  • La rotura del ligamento colateral lateral (o externo) es poco frecuente, pero puede afectar a otros estabilizadores, en cuyo caso es posible que sea necesario operar.
  • La rotura del ligamento cruzado posterior es poco habitual y se puede tratar de forma conservadora. Ahora bien, como en el caso de la rotura del ligamento colateral externo, si afecta a otros mecanismos estabilizadores habrá que valorar la posible reconstrucción y, por tanto, una operación.
  • La rotura del ligamento cruzado anterior es la más frecuente y la más grave. Al discurrir por el interior de la articulación, no cicatriza bien y requerirá en casi todos los casos de una intervención.

La lesión del ligamento cruzado se produce con un movimiento de “rotación con rotación”, por ejemplo cuando se desplaza la rodilla con los tacos clavados sobre el césped, o mediante una “hiperextensión forzada”, al desplazar la rodilla hacia atrás de forma brusca.

También es frecuente que se rompa el ligamento cuando se recibe un golpe posterior con el pie apoyado, según explica el médico del deporte y asesor de Clínicas Beiman Juan de Dios Beas. El diagnóstico preciso y la determinación de la posible existencia de lesiones asociadas se realiza mediante una resonancia magnética.

La reconstrucción del ligamento dañado es casi siempre la única solución, si es que se quiere volver a practicar deportes de arrancada y parada.

Se realiza mediante artroscopia, en una intervención en la que se sustituye el tejido dañado por tejido tendinoso del propio deportista de los isquiotibiales o del tendón rotuliano, o bien tejido tendinoso procedente de injertos.

Una vez realizada la intervención se requieren unos seis meses de recuperación, con trabajo para recuperar la movilidad y la fuerza. Los ligamentos no duelen, pero ignorar la lesión puede llegar a dañar el menisco.